Juan Pérez de Mungía, 04 de octubre de 2016 a las 07:49

Ni contigo ni sin tí tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin tí porque me muero. Con el debido respeto y la menor objetividad que un periodista debe mostrar no nos resistimos a considerar las últimas hazañas de Sánchez, nuestro particular hombre de hojalata. Se han escrito, a estas alturas más de 20.000 páginas de análisis sobre la denominada crisis del PSOE. Metáforas romanas, metáforas napoleónicas, descripciones orientalistas basadas en el karma, y otras muchas. Además se pintan gráficos que buscan explicar la procedencia de los votantes, sus estudios, donde viven, como se las gastan y otras circunstancias socioeconómicas. Depués tenemos las reacciones, las declaraciones y los comunicados. Por último, hemos visto en "streaming", como dicen los anglicistas a Susana Díaz pedir el apoyo para ser cola de león y dejar de ser cabeza de ratón. Todo es fantástico y espectacular.

Este pobrecito articulista quiere poner un granito de arroz en el bol político por eso de no dejar títere sin cabeza y a propósito de Pedro haremos un ejercicio literario sobre la situación venidera.

El síndrome del partido fantasma es la percepción de los votantes de que un líder amputado todavía esté conectado al comité federal y está dirigiendo el partido junto con el resto de miembros; se suele creer que esto se debe a que el cerebro sigue recibiendo consignas de los medios de comunicación que originalmente publicitaban los mensajes electorales del líder perdido. Sin embargo, la explicación más plausible, hoy en día, consiste en que el comité federal sigue teniendo un área dedicada al líder amputado por lo que el votante sigue sintiéndolo: ante la ausencia de estímulos de entrada que corrijan el estado del líder, el área del comité federal genera por su cuenta las sensaciones electorales que son coherentes con su ideario. Este comité sin función tras la amputación puede ser invadido por comités de garantías o congresos con lo que utiliza sensaciones de otras partes del cuerpo electoral para intentar aumentar los afiliados que apoyan al líder amputado.

Los partidos socialistas y el español es una excepción han desaparecido prácticamente del panorama europeo, por no decir mundial; España, junto con Francia se resisten a su exclusión de los parlamentos, pero todo se andará. En Francia, Hollande está intentando enterrarlo con honores, visto que ha tenido que tomar cartas legislativas en varios asuntos, reforma laboral, guerra contra el yihadismo, emigración, etcétera, temas tabú en los que ha adoptado posiciones de la denominada derecha Sarkozy, pero la política supera a la ficción y en España, paradójicamente el partido socialista y su estrellado candidato, Sánchez, ha retornado al paraíso pérdido de Milton para proclamar su intención de pactar con los seguidores de Iglesias. Las creencias, en nuestro mundo, se resisten a su desaparición.

Don Pablo Iglesias, se está frotando las manos hasta hacer pelotillas viendo como el PSOE le deja un amplio hueco electoral porque, digámoslo claro, el PSOE no se levanta ni por meretrices, por expresarlo de manera finolis. Hacen un Congreso, eligen un candidato y en las elecciones de Diciembre, que están cantadas, el PSOE va a buscar un suelo electoral inexistente porque no se han dado cuenta aún que no hay fondo, de que el fondo está muy hondo y la velocidad de caída electoral aumenta cada vez más.

El PSOE cederá afiliados y votantes a los podemitas e igualmente a los Ciudadanos de Albert Rivera pero todos los indecisos que votaron a los socios listos, volverán, ante el caos, a votar al PP, más valen corrupciones conocidas que nuevos corruptos por conocer. Este país, de nubes de tabaco y alcohol, vota con la ideología de la entrepierna, es cuestión de gónadas, ya se ha visto en el comportamiento de Sánchez aferrado a una posición parlamentaria absurda que ha permitido visualizar que el problema de España no es que haya Gobierno, el problema es que no hay oposición.

Los partidos conservadores han hecho las labores de la socialdemocracia, ayudados, eso sí, por las instancias jurídicas y legislativas. La indenpendencia judicial ha permitido tumbar leyes de la derecha que atentaban contra los derechos de los trabajadores lo que ha llevado a la derecha a que asumiera, no había más remedio, los postulados sindicales y socialdemócratas. El PSOE ha perdido su espacio ideológico, una vez amputado su programa electoral solo quedaba una defensa cerril de un voto intransigente. Sánchez ha tenido que maniobrar para hacer virar a su electorado hacia las posiciones mágicas de Podemos con el fin de apropiarse de sus votantes. La jugada le ha salido mal, la estrategia de "House of Cards" de Sánchez y "Juego de Tronos" de Iglesias para aliarse y reformar la España que tenemos no ha dado sus frutos porque piensan en una España yugoslava, segregada por comunidades y unida por uno de ellos en una especie de reminiscencia del Mariscal Tito.

A Sánchez-Iglesias se les ha visto la antena, la galena, el plumerito y la radio; no les importa la guerra, de cualquier tipo con tal de imponer su débil estructura mental; son como los Simpsons, básicos, escatológicos y defensores de la religión de la izquierda, la misma que persigue a los cristianos y favorece la construcción de mezquitas musulmanas. Es de esperar que los españoles no permitan la ablación mental.

 

­