Quien conoce de cerca a Tezanos, el secretario socialista de Estudios y Programas, conoce bien con qué habilidad desde su posición de funcionario público ha conspirado contra la ley con su continuada práctica de tráfico de influencias desde que se escondiera tras las faldas de Alfonso Guerra. Ahora sirve al nuevo mesías socialista desde las bambalinas del profetismo electoral. El mundo se le ha hecho transparente en su singular bola de adivino. Las bolas de los adivinos son tan transparentes como las bolas cínicas, las bolas mentirosas, y las bolas que se imponen a otros desde la lógica del decisionismo político. Quien se mueve no sale en la foto declaró su mentor. Ahora Tezanos despotrica contra las encuestas. Solo son fiables las suyas, las del GETS y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Tezanos es capaz de descender al lenguaje verdulero, o elevarse sobre las mentes simiescas con olor a naftalina de intelectualismo. Las encuestas hacen vudú al PSOE, -declara- como si el vudú, una estrategia inidónea, pudiera convertir el fracaso en futura redención.

Sanchez solo cree en sí mismo y en quien le dá la razón. A quien se la quita, le pone en sombra. Es una ventaja del Secretario General de turno hacer líderes de la nada, desagradecer el pasado, ignorar los servicios prestados y retornar sobre sus pasos para creerse lo que no dijo, o auparse sobre la ruina general de aquellos colegas que no le siguieron en su renuncia. Desde Elena Valenciano a los numerosos diputados que apostaron contra sus designios populistas. Sánchez es como esos alumnos que a costa de repetirse a sí mismos nunca aprenden. Para Tezanos su ídolo, el defensor natural del derecho a no aprender, que concibe cada posición social en clave ideológica, como un ser de partido. Tezanos como Sánchez aspira al secuestro del Estado. Que duda cabe que la firmeza de las propias convicciones, la autoconfianza es un requisito para el triunfo. Tezanos se lo cree, y Sánchez se lo cree. Y Tezanos cree en Sánchez. Ambos simulan creerse lo que no creen. Así es como deben entrenarse los nuevos viejos líderes.

Sánchez no disfruta de la condición del dictador que conoceríamos si su dogmatismo se hiciera carne en la presidencia de gobierno. Y tampoco es el político carismático que con su magnetismo es capaz de seducir a la audiencia. Podría ser una virtud no tener ese magnetismo carismático de un dictador clásico, pero dificilmente puede seducir quien se predica como ganador con prédicas vacías de contenido. Sánchez ha diseñado movimientos estratégicos que no controla y que de seguro serían su quebradero de cabeza si el destino la aupara a la posición que desea. Alienta y aprueba cualquier forma de protesta, y cuanto mas se presta a la farsa, más profundo se hace el fracaso. Rajoy le dobla el espinazo cada vez que la realidad se impone a ese designio.

Los discursos de la brecha salarial de género no pueden reportarle a Sánchez beneficios porque se construyen sobre una descripción falsa de la realidad. Se posterga a la mujer que desea ser compañera o madre, pero no se posterga a quien sacrifica sus deseos y decide ser estéril. Los hombres van quedando en ese cada vez mas restringido espacio de los trabajadores de cuello azul, en tanto las mujeres ocupan las posiciones de cuello blanco. Cualquiera puede compararse con aquellos de los que piensa ocupan posiciones mas deseables. ¿Puede prometerse el paraíso en la tierra? Sanchez le miente a las mujeres que hacen depender sus carreras desde la ideología, y las cuotas de género impuestas. Y la sociedad entera lo sabe.

 

Las reivindicaciones de los pensionistas no pueden reportarle a Sánchez beneficios porque se construyen sobre una descripción falsa de la realidad. ¿Pueden incrementarse las pensiones sin un aumento paralelo del empleo y la productividad? En esa misma clave populista de las concesiones retóricas, Sánchez invoca la ruina bancaria para dar aliento a una reivindicación imposible, cuando hace tiempo que la democracia española renunció a la fabricación indefinida de billetes. Es tan fácil prodigarse en lo que no se entiende que prometer se hace fácil. Y se rodea del Zapatero que arruinó el presupuesto del Estado, para luego congelar las pensiones y negar la evidencia de una crisis pavorosa. Solbes se ha arrepentido. Zapatero no, apoya a Maduro con toda impudicia. Ejerce de ese cinismo unigénero empeñado en acreditar como democracia a una dictadura empeñada en el genocidio de su propio pueblo, al que mantiene esclavo con cartillas de racionamiento.

Lejos de ser movimientos espontáneos que se articulan en respuesta a demandas sociales, las reivindicaciones se reconstruyen a medida de los propósitos de quienes se aupan sobre cantos de sirena en la misma medida en que lo hacen quienes ignoran a que eslóganes se someten. Pensar no es oponerse. Ahora es moda convertir a la víctima en verdugo, y al verdugo en víctima. El discurso de la crisis que alentaba la usurpación socialista del Estado ha quedado en entredicho por ignorar la ejecutoria del gobierno y vindicar la posición del verdugo.

Resulta surealista que quien ha promovido la Escuela de Gobierno sepa rodearse tan mal de los que le permanecen fieles. La ausencia de Díaz se suma a la de los exsecretarios generales Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba y a la de los presidentes aragonés Javier Lamban, valenciano, Ximo Puig, y asturiano, Javier Fernández. Sorprende con qué talento Sánchez sabe rodearse de inútiles mientras le niega el reconocimiento a quienes podían poner al descubierto la estrategia socialista del secesionismo, mientras niega la comparecencia en la comisión constitucional de Rodriguez Ibarra, de Bono, de Alfonso Guerra, y tantos y tantos que pondrían contra las cuerdas su delirio de una nación de naciones. Nada bueno nos espera de Sánchez. Su figura se empequeñece a medida que se reivindica.

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